DESIERTO DE ATACAMA: EL LADO OCULTO DE LA MODA
Toneladas de ropa desechada terminan en el desierto de Atacama. Europa lidera la exportación mundial de ropa usada, mientras el desierto chileno se convierte en uno de los símbolos más visibles del impacto ambiental de la industria textil.
El ciclo de vida de una prenda no termina cuando se deposita en un contenedor de ropa usada. Más allá de su origen y de las condiciones en las que se produce, existe otra cuestión cada vez más preocupante: ¿qué ocurre realmente con los textiles que desechamos?
Una parte de estas prendas se reutiliza o se transforma mediante procesos de reciclaje. Sin embargo, muchas terminan en grandes mercados de segunda mano o en centros de clasificación de países de África y Asia. Otras recorren miles de kilómetros antes de encontrar una nueva vida y, en el peor de los casos, acaban abandonadas, enterradas o quemadas.
Aunque el mercado de segunda mano contribuye a prolongar la vida útil de la ropa, no resuelve el problema de fondo. La sobreproducción y el sobreconsumo de productos textiles.
Un problema visible desde el espacio
La magnitud de los residuos textiles es especialmente evidente en el desierto de Atacama, en el norte de Chile, donde se acumulan enormes cantidades de ropa desechada procedente de distintos lugares del mundo.
Según los datos citados del Parlamento Europeo, cada persona compra una media de 26 kilos de ropa al año y desecha alrededor de 11 kilos. Estas cifras reflejan la dimensión de un modelo de consumo que genera cantidades crecientes de residuos.
En Atacama, se estima que se acumulan más de 60.000 toneladas de ropa desechada, una extensión de residuos que incluso puede observarse desde el espacio mediante imágenes satelitales. La empresa SkyFi confirmó la magnitud del fenómeno a través de sus redes sociales: «Podemos confirmar que la enorme pila de ropa en el desierto de Chile existe y está creciendo».
La situación ha llevado a las Naciones Unidas a advertir sobre la dimensión ambiental y social de la crisis de los residuos textiles, vinculada a la contaminación, el consumo de recursos y la gestión inadecuada de los desechos.
Europa, protagonista del comercio internacional de ropa usada
Europa ocupa una posición destacada en la exportación internacional de prendas usadas. Según los datos de Naciones Unidas correspondientes a 2024, Europa representa el 30 % de las exportaciones, por delante del Reino Unido, con un 16 %, y Estados Unidos, con un 15 %.
Una vez recogida, la ropa puede seguir diferentes caminos. Algunas prendas se venden en tiendas de segunda mano, tanto en el mercado nacional como en el extranjero. Otras se exportan a países como Pakistán, India, Chile, Kenia y Ghana, donde se clasifican para su posterior comercialización o tratamiento.
Sin embargo, no todas encuentran comprador. Las prendas que no pueden venderse o reutilizarse pueden terminar acumuladas en vertederos, abandonadas en espacios naturales o incineradas, con las consecuencias ambientales que esto implica.
¿Qué destinos tiene la ropa que desechamos?
Aunque el destino de los textiles varía según su estado y las posibilidades de comercialización, existen tres vías principales:
- Reutilización y venta de segunda mano. Las prendas que conservan unas condiciones adecuadas pueden volver al mercado a través de tiendas físicas o plataformas de compraventa.
- Exportación internacional. Miles de prendas se transportan a otros países para su clasificación y venta. Este proceso puede alargar su vida útil, aunque también genera problemas cuando la cantidad exportada supera la capacidad de reutilización y gestión de los mercados receptores.
- Reciclaje industrial. Los textiles que ya no pueden utilizarse como prendas pueden transformarse en trapos, materiales aislantes u otros productos textiles. Sin embargo, no todas las prendas son reciclables con las tecnologías disponibles, especialmente cuando están fabricadas con mezclas de diferentes fibras.
Más allá del contenedor
Depositar la ropa en un contenedor adecuado puede facilitar su reutilización o reciclaje, pero no garantiza que todas las prendas tengan una segunda vida. La complejidad de las cadenas internacionales de recogida, clasificación y exportación dificulta conocer el destino final de cada producto.
Por eso, reducir el volumen de ropa que se consume sigue siendo fundamental. Comprar menos, elegir prendas duraderas, reparar las que se estropean y reutilizar antes de desechar son algunas de las medidas que pueden contribuir a disminuir la cantidad de residuos textiles.
El caso del desierto de Atacama muestra que el problema de la moda no termina en el momento de la compra ni cuando una prenda se deposita en un contenedor. En un sistema que produce y desecha cada vez más ropa, la pregunta ya no es únicamente dónde se fabrica, sino también dónde termina.


